La pandemia perfeccionó nuestro trabajo.
Muchas se reinventaron en OnlyFans. El mercado se saturó de webcams y contenido digital. Los clientes se perdían entre pantallas. Lo excesivo se volvió común.
Pero el lujo no compite. El lujo espera.
Y cuando el mundo salió del encierro, hambriento de piel real, de contacto, de experiencias que ninguna pantalla puede dar… ahí estaba yo. Lista.
Acá van las 10 cosas que descubrí sobre ser Escort de alto nivel en la era post-pandemia. No son quejas. Son observaciones desde la cima.
1. OnlyFans hizo el mejor favor posible: filtrar a los que regatean
Cuando explotó, muchas entraron en pánico. “Nos van a reemplazar”, decían.
Se equivocaban.
OnlyFans hizo algo brillante: separó la paja del trigo. Los que solo pueden pagar $10 mensuales ahora tienen su parque de diversiones. Perfecto. Que se queden ahí.
Mis clientes entienden la diferencia entre mirar una foto y tenerme encima.
Yo uso la pantalla como aperitivo. El banquete soy yo, en persona.
2. La ola de divorcios me llenó la agenda de hombres premium
El encierro dinamitó matrimonios. No cualquier matrimonio: los de gente con plata.
Mis nuevos clientes son ejecutivos de 45-65, recién divorciados, sexualmente hambrientos después de años de camas muertas. Con cero interés en volver a comprometerse.
Llegan agradecidos. Generosos. Sin drama. Con ese hambre animal que solo tiene un hombre que acaba de recuperar su libertad.
No buscan novia. Buscan placer profesional. Y yo se los doy.
3. Que los hombres salieron del encierro con fantasías más sofisticadas (y bue… hay que cobrar más por ellas)
Dos años de porno de alta producción hicieron lo suyo.
Pre-pandemia: “¿Hacés oral?”
Post-pandemia: “¿Hacés BDSM con roleplay, vestuario y sesiones de 3 horas?”
La respuesta es sí. Pero cuesta más.
La pandemia no arruinó el mercado. Lo sofisticó.
4. Tinder se convirtió en mi mejor vendedor
Post-pandemia, las apps explotaron. Mis clientes probaron. Y volvieron.
¿Por qué? Porque descubrieron que el “sexo gratis” cuesta caro: semanas de chat, cenas, expectativas, dramas.
Conmigo: escribís, llegas, cogemos como dioses, te vas. Sin historias.
Los hombres inteligentes hacen las cuentas rápido.
5. Las videollamadas generan ingresos, pero nunca reemplazan lo real
Durante la pandemia, las videollamadas salvaron a muchas. Yo las usé solo con clientes que ya conocía.
Ahora sigo ofreciéndolas, con mis reglas claras: solo para clientes frecuentes, contenido personalizado, y con un objetivo – que te excites lo suficiente para reservar una cita real
Seamos honestos: coger por Zoom es masturbación con público.
No hay tacto. No hay olor. No hay esa electricidad que existe cuando compartimos el mismo aire.
El verdadero lujo sigue siendo presencial.
6. Mi precio se volvió mi mejor filtro
Post-pandemia el mercado se saturó. Escorts baratas. OnlyFans a $10, contenido gratis por todos lados.
Yo hice lo opuesto: subí mi precio.
Los que regatean se auto eliminan. Los que solo podían pagar una vez al año también. Se quedaron los que valoran la exclusividad, no cuestionan la tarifa, vuelven cada mes, varios cada semana, y me recomiendan discretamente a sus amigos.
Mi precio es mi declaración de principios: No soy para todos.
7. La profesionalización real es propia, no de plataformas
Post-pandemia surgieron plataformas que prometían “dignificar” el trabajo sexual. Verificación, reviews, pagos seguros.
Yo preferí invertir en mi propia infraestructura: web profesional, blog, presencia sin promoción explícita, reservas directas.
El resultado: cien por ciento de mis ingresos para mí. Cero intermediarios.
El lujo se construye con control total. No con plataformas ajenas.
8. La paranoia sanitaria hizo que mis límites se respeten más que nunca
Pre-pandemia: “¿Podemos hacerlo sin condón? Te pago extra.”
Post-pandemia: Nadie se atreve a preguntar.
Pasamos dos años obsesionados con contagios. Aprendieron que los fluidos importan. La higiene se volvió estándar. Usan condón sin chistar. Respetan mis límites.
El único efecto positivo de la pandemia: Elevó los estándares de respeto.
9. Mis clientes post-pandemia buscan conexión, no solo sexo
El encierro rompió algo en muchos hombres. Especialmente en los exitosos, los que estaban acostumbrados a moverse, ser vistos, socializar.
Ahora no buscan sexo. Buscan conversacionales sin filtro, complicidad sin consecuencias, alguien que los mire de verdad.
Yo les doy eso. Con orgasmos incluidos.
Y eso vale lo que cobro.
10. Trabajar desde mi espacio se volvió ventaja competitiva
El “quédate en casa” nos enseñó a valorar la intimidad de los espacios propios. En mi lugar todo es más íntimo. Más controlado. Más exclusivo. La música, la luz, la temperatura, el ritmo – todo responde a una sola voluntad: que disfrutes.
La pandemia me enseñó que el lujo es control total del ambiente.
Y en mi espacio, yo controlo todo.
Conclusión: La pandemia separó el trigo de la paja. Y yo soy el champagne.
2020-2022 fue duro para muchas.
Las que no pudieron adaptarse, desaparecieron. Las que bajaron precios, quedaron atrapadas ahí. Las que se fueron a OnlyFans, ahora compiten con millones.
Yo hice lo opuesto. Me mantuve escasa. Selectiva. Inalcanzable.
Porque la pandemia confirmó algo que ya sabía: lo valioso no se regala.
أنا أحبك (Ana Uhibbuk), San Charbel. Gracias por enviarme solo a los dignos.
Con amor húmedo (pero selectivo),
Melania❤️🔥
“Las mejores historias no solo se leen. Se viven.”

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