Señorita trabajadora, agradable en el trato, con formación universitaria —sí, tengo título, no soy solo tetas y talento, aunque eso también—, ofrece sus servicios para trabajos remunerados en el rubro de Escorts o artes amatorias sin exclusividad sexual. Como no creo en los currículums —esos papeles donde todos mienten sobre Excel y trabajo en equipo—, y no puedo dar el teléfono de todos mis amantes para que corroboren mis talentos, les contaré -así, a viva voz-, mi experiencia laboral. Aunque esto no signifique lo que realmente es, ya que mejor vivirlo que contarlo. Pero bueno, algo hay que poner en el aviso.
En sexo normal: Practico todas las poses del kamasutra. Sí, todas. Como soy muy curiosa y me gusta la innovación, adopto nuevas posiciones junto al espécimen de turno. Y bue… como en la repetición está el gusto y el verdadero aprendizaje, le doy y le doy hasta lograr la perfección. A veces, claro, con muy desigual fortuna, ya que dependo del susodicho, generándose -a veces- una descompensación en mi perfectible maniobra. Y es que no todos llegan con el mismo nivel de preparación (algunos parecen haber faltado a todas las clases). Pero siempre, siempre, le pongo todo de mí para lograr el punto exquisito de satisfacción para ambos. Digamos que, es mi KPI principal.
En sexo oral: Soy muy generosa. Generosa hasta la exageración, dirían algunos (pero es que me encanta demasiado). Doy placer con ocho tipos de felatios practicados arduamente día tras día, año tras año, con mucha exigencia. Tengo más técnicas que un sommelier con las uvas. Chupo y chupo sin cesar hasta sentir el in crescendo en mi boca, esa sensación de poder tan fascinante que me hace sentir que soy la reencarnación de Cleopatra. Sí. Cleopatra con wifi y cuenta de Instagram.
Uso preservativo forever y —por lo mismo— tampoco me trago el semen. Me han dicho que sabe a tiza, y no sé, jamás me he comido una tiza, así que eso no me da gran curiosidad. Siempre estoy dispuesta al deleite de un buen cunnilingus, que también les digo desde ya, me encanta. El que da recibe, ¿no? Economía básica del placer.
En danzas exóticas: Siempre he sido una farandulera, a quien tenga cerca le muevo mis caderas. Podría estar en un velorio y encontraría la manera de hacer un movimiento pélvico sutil. Esto es —en todo sentido— mi vocación. Mi musculatura pélvica está muy bien trabajada, más que la de cualquier instructora de pilates. Les hago el camello, los ochos, el espiral, la lluvia, la serpiente, y así, hasta que entramos en trance y acabemos sudando en mi lugar favorito: el catre.
En experiencias sensoriales: Recorro cuerpos como el mapamundi. Soy la Melania Colón de los encuentros orgásmicos: descubro esas zonas especiales donde me detengo a explorar, ya sean olores, sabores, texturas, colores y sonidos que se suceden mientras voy deslizándome de arriba abajo, de abajo a arriba, de lado a lado, conquistando territorios con mi lengua mojada hasta explayarme en el centro más álgido. Sentir ese remezón eléctrico en la curva de mi espalda mientras jadeo en esas orejitas me seduce y estremece. El cuerpo masculino es un parque de diversiones y yo tengo pase ilimitado.
En servicio a la colectividad: Sí, sí, soy muy útil y eficaz en brindar momentos placenteros a la sociedad. Debería haber un ministerio para esto. Hago acopio de todos los derechos básicos y fundamentales que nos pertenecen: el placer, la salud sexual, la libertad, la privacidad. Estandartes que me acompañan cual pintura de La Libertad guiando al pueblo de Delacroix, pero con mejor lencería. Soy hacedora de seres más felices, más capaces, más gozadores, más creativos. Privilegiados de nuevos estímulos que los lleven a vivir el presente puro mientras descubren —a punta de orgasmos— un poco más de ellos mismos.
Como el tiempo es muy valioso y hay que obtener el máximo ROI, entrego un efectivo feedback que los más hábiles podrían solicitar. Aprovechando así, mis años de experiencia en lenguas, miembros, poses y ritmos, siempre pensando en la mejora continua de sus futuras performances. La práctica hace al maestro. En este caso, la maestra. Y yo doy clases particulares.
Tengo licencia de conducir para desplazarme a las mansiones santiaguinas y conocer a mi próximo novio one hour. Con la tecnología me llevo súper bien: manejo mi propia página web —sí, la hice yo, no me miren así—, mi propia agenda digital de citas para organización de todos los CEOs que me contacten. También redes sociales con fotos sensuales de mis experiencias, básicamente tomando mucho vino, nutriéndome con ostras, viajando con amantes y tomando baños de espuma. Podría ser community manager de cualquier osado que requiera una imagen más liberal. Mi feed es un mood board del hedonismo.
Soy una escorpio voraz —con todo lo que eso implica—. Hablo muy bien el inglés y también el francés, aunque esto último solo con franceses, así puedo practicar obscenidades nativas. Siempre con el ánimo de aprender un poquito más. La educación continua es importante, incluso en mi rubro.
Trabajo muy bien en equipo de a dos, esto es, un cuerpo a cuerpo entre un hombre y yo. Se me da mejor mandar que obedecer, qué se le va a hacer, así soy, nací para liderar. Tengo aspecto de creída, diva y alocada, pero en el fondo soy una dulce. Muero de risa ante los chistes más boludos, me gusta que cada cliente sienta que es el único —es parte del servicio premium—, y mi espíritu emprendedor hace que sea muy cumplidora en todas las tareas en las que incursiono con cada uno de ellos.
Como me gusta sentirme libre, manejo horarios flexibles. No soportaría horarios de oficina, mucho menos encerrarme en una. Eso sería —literalmente- morir, y yo, con el aburrimiento no transo. Bailar en horizontal sobre alguien es un deber que entrego al mundo con total responsabilidad.
Si algún ejecutivo serio, encantador, desprejuiciado, requiere un momento to make it count, dispuesto a descubrir y explorar los talentos mencionados, sírvase contactarme después del mediodía —antes estoy durmiendo, no soy persona matutina—. Lo atenderé con todo mi entusiasmo para fijar la cita de nuestra entrevista. El intercambio de valores compartidos, es decir, el valor de mi tiempo para brindarle su entrenamiento gozoso, se conversará en privado porque una dama no habla de plata en público.
Mi compromiso profesional garantiza dedicarme completamente al momento que experimentará, dando lo mejor de mí hasta llenarlo de hormonas felices que activen todos sus neurotransmisores. Atenderé cada llamado con mucho optimismo: seré un servicio de atención al cliente, pero con orgasmos.
Gracias por su diligente atención. Me despido de ustedes desde mi bañera, enviándoles a cada uno un frotado abrazo de escort, esto es, uno que les transmita mi genuino deseo de conocernos y pasarla muy bien 🙂
Los amo. Los amo a todos.
#MelaniaConPrivilegios

Parra N. (1972). “Artefactos“.
Melania ♡
“Las mejores historias no solo se leen. Se viven.”
