Imagino que sabes, mi querido y fiel adorador: las diosas nunca desaparecemos, sólo nos tomamos un descanso entre temporadas, antes de volver a reclamar nuestro trono. Y bue… aquí estoy, de vuelta. No con la nostalgia de lo que fue, sino con la certeza de lo que sigue siendo: el deseo intacto, la seducción afilada y la travesura siempre latente.
He despertado de un delicioso periplo, y con ella, el juego, la piel y la promesa de hacer de tus momentos: inolvidables.
Eh? ¿Qué dónde estaba? Ah, cariño, anduve de viaje, disfrutando los placeres del mundo. Probando ostras enormes mientras me perdía entre especias exóticas. Ya sabés como me fascina explorar de las delicias prohibidas en esos rincones donde sólo los verdaderos hedonistas nos atrevemos a ir. ¿O quizás estuve ocupada degustando falos jugosos en festines privados? Quién sabe… tal vez te lo cuente mientras acaricio los suaves vellos de tu pecho, sentada sobre vos… ¿Cómo te gusta imaginarme? Mmm… Lo importante es que volví con hambre, con sed, y con muchas ganas de jugar.
Y sí, sé que me extrañaste. Lo entiendo. Es difícil olvidar a una diosa. Pero lo bueno de las ausencias es que hacen de los regresos, más dulces, más intensos, más… nuestros.
Luego de unos meses de marcha, estoy aquí nuevamente, lista para tus besos. Ahora quiero sentirlo todo como si fuera una primera vez. Breves cosquilleos de novata que ocurren cuando te tomás un receso polar. Así que decíme, ¿querés recorrerme como bienvenida? 🔥
Con humedad tibia,
Melania.
“Las mejores historias no solo se leen. Se viven.”

No Comments