Toc, toc, toc. El amor, literalmente, toca a mi puerta.
Y yo, divina, la abro.
Frente a frente.
Esos primeros dos segundos donde se decide todo: ¿Vamos a fingir profesionalismo o vamos a ser animales honestos?
(Spoiler: siempre elegimos lo segundo. Por eso estás acá).
Empieza el juego.
Y acá, querido ejecutivo, no hay agenda preestablecida.
Solo dos cuerpos negociando en tiempo real su propio idioma secreto.
Kick-off meeting: exitoso.
